Cada vez tenemos más datos para distinguir entre las empresas que simplemente crecen y las que crecen de manera sostenible.

Cuidar a los empleados, trabajar para reducir el impacto ambiental… son signos de que una empresa quiere ser sostenible. Ya comentamos en un artículo anterior cómo la Ley 11/2018 ha favorecido el rendimiento de cuentas.

La CNMV, organismo que supervisa a las empresas cotizadas y que recibió sus informes anuales en junio 2020, afirma que la calidad de la información está mejorando. Es lógico: desde la entrada en vigor de la nueva ley, los informes tienen que ser verificados por un prestador independiente. Pero toda luz tiene una sombra: el supervisor también ha dicho que la fiabilidad de los datos aportados tiene margen de mejora.

Los auditores lo explican con más exactitud: las empresas están obteniendo un aseguramiento limitado de la información no financiera, mientras que para sus cuentas financieras obtienen un aseguramiento razonable. De hecho, la CNMV ha solicitado información más detallada sobre cuestiones sociales y ambientales a tres compañías del Ibex 35; el año pasado la pidió a seis.

En relación con el medio ambiente, ¿qué tipo de información vigila con más interés la CNMV? Según la nueva ley, las empresas contempladas deben aportar

«… información detallada sobre los efectos actuales y previsibles de las actividades de la empresa en el medio ambiente, y, en su caso, la salud y la seguridad, el uso de energía renovable y/o no renovable, las emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo de agua y la contaminación atmosférica».

Ley 11/2018

Desde un punto de vista práctico, este requerimiento se puede cumplir atendiendo a cuatro índices:

  1. Emisiones directas de gases de efecto invernadero.
  2. Emisiones indirectas (movilidad empleados, viajes, transporte de mercancías).
  3. Consumo de agua.
  4. Generación de residuos

Y esto es difícil. Primero, porque se trata de una preocupación reciente, y los responsables de gestión no son expertos en medio ambiente. Segundo, porque los sistemas internos de gestión e información son muy débiles. Alberto Castilla y Alberto Andreu, de Ernst & Young, han escrito que “en muchas empresas la información no financiera  (…) se encuentra dispersa en múltiples hojas Excel archivadas en ordenadores de empleados o proveedores de la empresa, con lo que ello puede suponer de falta de actualización y calidad de la información”. 

La digitalización tiene un papel clave para asegurar la calidad y la trazabilidad de los datos. Automatizar procesos es la mejor inversión para una empresa de cualquier tamaño que quiera crecer de manera sostenible, y poder comunicarlo de manera transparente.

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