Los macroeventos deportivos inspiran, unen culturas y dinamizan la economía y, cada vez, buscan minimizar su impacto ambiental para estar a la altura del momento que representan.
Reducir la huella ecológica de los Juegos Olímpicos fue justo una de las principales apuestas de París 2024. Bajo el lema Games Wide Open, este evento no solo prometió brillar por su inclusividad y accesibilidad, sino también por marcar un antes y un después en términos de sostenibilidad. Desde el aprovechamiento de las infraestructuras existentes hasta las estrategias de movilidad y la generación de energía renovable, todo fue diseñado para mitigar sus efectos sobre el planeta.
¿Quieres mejorar las prácticas medioambientales de tu empresa?
¡Prueba nuestro Software de Sostenibilidad Ambiental!
Meses después de su finalización, llegan los resultados finales y surge la gran pregunta: ¿logró París 2024 cambiar realmente las reglas del juego?
¿Qué prometía París 2024?
La sostenibilidad fue uno de los ejes principales de la candidatura parisina desde sus primeras etapas.
La propuesta, ambiciosa, fue celebrar las Olimpiadas más sostenibles de la historia, minimizando el impacto ambiental mediante una planificación meticulosa y estrategias innovadoras. Entre las metas específicas destacaban:
- Reducir un 50% las emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs) en comparación con ediciones anteriores como Londres 2012 y Río 2016 (los JJ.OO. de Tokio 2020, celebrados finalmente en 2021, quedaron desdibujados por las medidas de prevención derivadas de la COVID y no se tienen en cuenta en la comparativa).
- Utilizar solo energías renovables para alimentar todas las sedes deportivas durante el evento.
- Minimizar la construcción de nuevas infraestructuras, priorizando el uso de instalaciones existentes o temporales.
- Implementar una economía circular integral, garantizando que la práctica totalidad de los activos tuvieran una “segunda vida” a través de la donación, la reutilización o el reciclaje.
- Colaborar con agricultores locales para ofrecer una alimentación responsable, priorizando productos de temporada y reduciendo el desperdicio.
Otra de las grandes promesas fue la movilidad sostenible, en línea con las estrategias que la propia ciudad está poniendo en marcha desde hace unos años. París 2024 buscó liderar en este ámbito promoviendo el transporte público como principal medio de desplazamiento, las bicicletas y los vehículos eléctricos para reducir la huella de carbono asociada a los desplazamientos.

¿Cómo se mide la huella ecológica de los Juegos Olímpicos?
Medir la huella ecológica de los Juegos Olímpicos no es tarea fácil.
Este proceso abarca múltiples dimensiones. Una de las principales variables es la huella de carbono, que se obtiene calculando las emisiones directas e indirectas generadas por el evento. En el caso de París 2024, el comité organizador aplicó por primera vez en su totalidad la metodología oficial del Comité Olímpico Internacional (COI), desarrollada como parte de la Agenda 2020+5.
Esta metodología establece un marco claro y consistente para medir, reportar y gestionar las emisiones asociadas con la organización de los Juegos, incluyendo:
- Alcance exhaustivo, contemplando los Alcances 1, 2 y 3.
- Transparencia y justificación, debiendo razonar la exclusión de emisiones conforme a estándares internacionales reconocidos.
- Enfoque práctico, estableciendo un “presupuesto de carbono” total desde el inicio del proyecto, lo que permite guiar todas las decisiones operativas y estratégicas.
La aplicación sobre el terreno de esta metodología se plasmó en el enfoque AAROM (Anticipate, Avoid, Reduce, Offset, Mobilise), un modelo innovador que busca no solo medir, sino también reducir y compensar las emisiones generadas.

¿Cumplió París 2024 su promesa de convertir en los juegos más verdes de la historia?
Según el informe oficial publicado hace unos días, la respuesta es un rotundo sí.
Estos son algunos de los resultados:
- Reducción del 54,6% en emisiones de GEI que dejó una huella total estimada de 1,58 millones de toneladas de CO2 equivalente, frente a las 3,47 millones de toneladas promedio de Londres 2012 y Río 2016.
- Uso de materiales reciclados, como el 80 % del plástico utilizado en las gradas del estadio La Chapelle, procedente de contenedores locales.
- Consumo de energía renovable, que representó solo el 0,1% del presupuesto global de carbono.
- Movilidad sostenible, con la creación de 415 km adicionales de carriles bici y 20000 espacios para bicicletas que ahora disfrutan los habitantes y visitantes de París.
Sin embargo, no todo fueron logros. Un informe de Carbon Market Watch señalaba que la estrategia cubría solo el 30% de las emisiones esperadas. Además, empresas como Toyota, Procter & Gamble y Samsung lideraron el ranking de emisores entre los patrocinadores, según un estudio de New Weather Institute.
¿Un ejemplo a seguir?
La cita de París 2024 no fue perfecta, pero representa un avance claro si comparamos la huella de carbono con ediciones anteriores.
La metodología aplicada, la reducción de emisiones estructurales, la consideración en el cálculo de los 3 alcances definidos por el GHG Protocol y el enfoque de economía circular son logros reales.
Sin embargo, hay aspectos mejorables:
- Mayor detalle en los datos públicos y desglose de emisiones por categoría.
- Estrategias más claras para abordar las emisiones del transporte internacional, que pueden suponer hasta 80% de las emisiones.
- Compensaciones verificadas con estándares internacionales.
En resumen, París 2024 demostró que es posible reducir la huella ecológica de los Juegos Olímpicos y organizar eventos globales con un enfoque más responsable hacia el medioambiente. Ahora, el reto es asegurar que estas prácticas no queden como una excepción, sino como un estándar para futuras ediciones. Como legado, dependerá de las próximas ciudades anfitrionas adoptar y mejorar estas iniciativas, consolidando un camino hacia eventos deportivos verdaderamente sostenibles.

