Puntos clave
- Durante 60 años, crecimiento económico y emisiones de CO2 han crecido casi en paralelo.
- El motor de esa subida es el consumo de combustibles fósiles, que supone alrededor del 90 % del CO2 que se emite a la atmósfera.
- Algunos países ya están reduciendo sus emisiones mientras sus economías crecen, muestra de que el desacoplamiento absoluto es posible.
- En una empresa, comprobar ese desacoplamiento pasa por calcular la huella de carbono año tras año con un mismo método.
“El crecimiento económico sigue calentando el planeta. ¿Hay alguna salida?” Esta era la incómoda pregunta que el diario The Guardian planteaba en febrero de 2026.
La representación gráfica empleada como soporte es un gráfico que condensa en una sola línea 60 años de crecimiento económico y emisiones. Cada punto, un año con una línea al alza uniéndolos a todos, en crecimiento continuo.
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¿Por qué traemos esta cuestión al blog? Porque creemos que es un tema en el que la sostenibilidad tiene voz, en tanto en cuanto, a veces tenemos que defender que crecer y reducir impacto pueden ir juntos.
En los próximos epígrafes te explicaremos qué muestra, por qué el tipo de crecimiento importa y qué dice sobre el desacoplamiento del crecimiento económico y las emisiones de CO2.
Qué muestra la curva
El gráfico en cuestión es este.

El eje horizontal recoge el PIB per cápita mundial y el vertical, las emisiones globales de CO2.
La historia que cuenta arranca en 1960, en un planeta de renta baja y unas 17 gigatoneladas de CO2 (solo este gas, no el conjunto de gases de efecto invernadero), y termina en 2024, con más de 40 gigatoneladas de CO2 emitidas y un PIB per cápita mundial cercano a los 13 700 dólares.
Como cabría esperar, la línea es un fiel reflejo de los baches experimentados durante las últimas décadas, desde recesiones económicas a disrupciones globales como la pandemia en 2020. Estas crisis, sin embargo, han sido temporales, pausas tras las cuales la línea ha retomado su tendencia alcista.
El tipo de crecimiento que hay detrás de la curva
Ahora bien, ¿qué impulsa este crecimiento? Pues el principal artífice es el consumo energético, en especial, el de los combustibles fósiles.
Los datos del Global Carbon Project lo dejan claro. En 2025 las emisiones de CO2 provenientes de los combustibles fósiles superaron con creces las procedentes de los usos del suelo. En resumen, alrededor del 90 % del CO2 que se libera a la atmósfera sale de quemar carbón, petróleo y gas.
Y el mismo informe deja un aviso que conviene tener en cuenta: la descarbonización de los sistemas energéticos, en líneas generales, avanza, pero no compensa el aumento de la demanda de energía.
Al fin y al cabo, las emisiones no dependen solo de cuánto produce una economía, sino de cómo de limpia es la energía que la impulsa. La descarbonización de la economía trabaja justo en el desarrollo de esta premisa, en conseguir que la energía que mueve cada cosa que se fabrica, se transporta o se vende sea cada vez más sostenible.
El desacoplamiento del crecimiento económico y las emisiones
Aunque en el gráfico todavía no se aprecia, esta progresiva descarbonización está haciendo que la economía mundial y las emisiones hayan empezado a moverse a diferente ritmo.
Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), las emisiones de CO2 ligadas a la energía crecieron alrededor de un 0,4 % en 2025, la tasa más lenta desde 2021. En contraposición, la economía mundial avanzó en torno a un 3 %, una tendencia que ya empezó a vislumbrarse en 2024. Es decir, la economía crece con más vigor que las emisiones, pero estas también continúan subiendo.

Esta situación es lo que se conoce como desacoplamiento relativo, cuando las dos líneas se separan aunque ninguna baja. El objetivo, sin embargo, tiene que ser caminar hacia un desacoplamiento absoluto en el que la economía crece y las emisiones caen, algo que ya está ocurriendo en algunos países. Así, en la última década 35 países, España entre ellos, han reducido sus emisiones mientras sus economías seguían creciendo.
Si bien se trata de una noticia positiva, tampoco conviene leerla como una victoria. Año tras año seguimos marcando récords de emisiones, pero la foto ya no es la de una línea creciendo de forma infinita. En algunos lugares, la curva ha empezado a doblarse.
Pro tip: para demostrar el desacoplamiento en tu empresa, compara años calculados con el mismo alcance y la misma metodología. Si cambias la forma de calcular, por ejemplo, una mejora aparente puede no ser real.
Qué tiene que ver esta curva con tu empresa
Básicamente, y siendo conscientes del salto en la escala, interrogarte sobre si tu actividad puede crecer sin que las emisiones suban al mismo ritmo.
¿Cómo puedes averiguarlo? Calculando la huella de carbono año tras año y bajo un mismo método para que los datos sean comparables. Sin esa información, no puedes demostrar ningún desacoplamiento.
La huella de carbono de una empresa, sin embargo, se mide en CO2 equivalente, una unidad estandarizada que ofrece una foto más completa de tu impacto y una información más detallada para incluir en tus informes de sostenibilidad.
Calcular esa huella y seguir su evolución en el tiempo es lo que hacemos en Greemko, proporcionándote los argumentos que necesitas para que el desacoplamiento deje de ser una sensación y se transforme en un dato trazable.
Pro tip: reducir no es lo mismo que compensar. El desacoplamiento se demuestra bajando emisiones en origen. Deja los mecanismos de compensación para lo que no puedas evitar y recógelos por separado en tus informes.
La curva todavía se está escribiendo
Sesenta años después, y a pesar de los altibajos, las emisiones siguen creciendo. Pero ya no lo hacen de igual forma ni al mismo ritmo. En algunos países, la economía crece mientras las emisiones bajan, lo que demuestra que prosperidad y reducción de CO2 pueden ir de la mano.
En el ámbito global, la pregunta de The Guardian se contesta a medias. Pero a escala de una empresa como la tuya sí puedes comprobar, con datos, si tu actividad y tus emisiones se desligan. Si quieres situar a tu negocio en ese mapa, hoy puede ser un buen día para empezar a calcular la huella de carbono.

